por Leslie Gabaldón
Creciendo en Caracas, mi mamá —una mujer increíblemente culta y apasionada por el arte clásico, la música y la literatura— solía llevarme a los museos casi todos los domingos. Me convertí en artista, supongo, en parte influenciada por las maravillosas pinturas y esculturas que vi a lo largo de mi vida.
Uno de los géneros que más me atraía era el retrato. Recuerdo sentir admiración no solo por la pintura en sí, sino también por los sujetos retratados. ¡Se veían tan importantes, tan dignos, tan elegantes!
¿Por qué me sentía así? Porque ese era precisamente el propósito del retrato. Durante siglos, la gente encargaba retratos no solo para capturar su imagen, sino también para moldear cómo eran percibidos: proyectar poder, elegancia e influencia. En otras palabras, se trataba de imagen pública.
¿Y no es fascinante? Ese mismo impulso sigue vivo hoy. El lienzo puede haberse transformado en una fotografía, pero la intención no ha cambiado: todos queremos ser vistos de una manera que refleje nuestro valor, nuestro lugar en el mundo y el legado que estamos construyendo.
Quizás por eso, cuando finalmente tomé una cámara en mis manos, el retrato se convirtió en mi lenguaje natural.
Años más tarde, en 2010, decidí expandir mi trabajo artístico hacia el ámbito comercial. La gente me pedía que fotografiara sus productos, bodas y retratos profesionales—atraídos, supongo, por mi estilo y sensibilidad. Durante mucho tiempo me resistí.
Al inicio tomé trabajos pequeños—a veces incluso sin cobrar nada. Con el tiempo, llegué a tener un estudio fotográfico físico y completo. Hacemos fotografía de producto y publicitaria, pero mi verdadera pasión son los retratos y headshots.
Y sin importar a quién estoy fotografiando, hay un tema que surge una y otra vez: la imagen pública. He visto de primera mano lo mucho que impacta no solo nuestras vidas profesionales, sino también las personales.
Sin importar su industria o rol, todas las personas con las que trabajo tienen algo en común: la conciencia de lo crucial—y delicada—que es su imagen pública.
¿Qué es la imagen pública?
La imagen pública es, en esencia, la opinión que muchas personas tienen de ti. Es la manera en que eres percibido—no solo a través de tu retrato, sino mediante cada interacción, visual o no. En los ámbitos profesional y personal, esta imagen se moldea con el tiempo a través de cómo te presentas en medios, comunicación e incluso en intercambios casuales.
¿Por qué importa la imagen pública?
Las primeras impresiones se forman en segundos. Antes de que pronuncies una palabra, la gente ya está creando una opinión—por tu foto en LinkedIn, la biografía de tu web o incluso la imagen de perfil en Instagram.
Lo he visto incontables veces en mi estudio. Alguien llega diciendo: “Solo necesito una foto decente para el trabajo”. Pero esa imagen no se queda guardada en un archivo—se convierte en su carta de presentación en reuniones, solicitudes, conferencias e incluso hitos personales. Y cada vez más me doy cuenta de que necesitamos un portafolio de varias imágenes para utilizarlas en diferentes ocasiones. ¡No siempre debemos mostrar la misma faceta, pues tenemos muchas!
La imagen pública importa porque define la confianza, la credibilidad y la conexión. Un retrato pulido pero auténtico transmite seguridad. Comunica que te tomas en serio a ti mismo—y también a las personas con las que te relacionas. Una foto descuidada o anticuada puede enviar, sin quererlo, el mensaje contrario.
Y esto no se limita a ejecutivos o CEOs. He trabajado con emprendedores, médicos, estudiantes y artistas. Sin importar el trasfondo, el objetivo es universal: ser vistos de una manera que refleje la mejor versión de uno mismo—sin perder autenticidad.
La ciencia detrás de las primeras impresiones
Y aquí viene lo más fascinante: mucho antes de que alguien lea tu biografía o escuche lo que tienes que decir, su cerebro ya formó un juicio inmediato.
Las investigaciones muestran que incluso cuando una persona ve un rostro tan brevemente que ni siquiera lo registra conscientemente (una técnica llamada backward masking), la amígdala—el procesador emocional del cerebro—se activa. Está especialmente afinada para detectar señales de confianza y emociones.
Tu retrato, entonces, no es solo una linda foto—es un detonante de una primera impresión que pasa por alto el pensamiento consciente. Puede construir confianza, transmitir seguridad o generar dudas—todo en un abrir y cerrar de ojos.
Tu imagen pública es poderosa. No es vanidad—es visibilidad. No es superficial—es estrategia. La manera en que te presentas a través de la fotografía influye en cómo los demás se conectan contigo, confían en ti y te recuerdan.
Por eso me apasionan los retratos y headshots: porque no son solo fotos. Son oportunidades para tomar control de “la opinión que muchas personas tienen de ti.”
La imagen pública es delicada, pero poderosa. Cuando se cultiva con intención, se convierte en uno de tus mayores aliados. Te invito a pensar en cómo quieres ser visto—y en cómo tu imagen puede transmitir ese mensaje al mundo.
Leslie Gabaldón es fotógrafa y artista visual radicada en Miami. Su obra ha sido expuesta internacionalmente y explora la relación entre la naturaleza, la identidad y la sociedad contemporánea. Es también fundadora de un estudio de fotografía especializado en sesiones personales y corporativas, con un enfoque particular en CEOs y empresarios del mundo corporativo. Además, desarrolla exitosamente proyectos de publicidad y fotografía de productos para e-commerce. Gabaldón es fundadora de Wynwood Editions, un laboratorio fotográfico de impresión y enmarcado dedicado a proyectos de gran formato para la industria del arte, la hospitalidad y el diseño.